viernes, 11 de octubre de 2013

Rotondas, centímetros y billetes

Le podemos echar mucha literatura al asunto (como yo trato de hacer), pero hay que reconocer que, para un europeo, trasladarse a vivir a Estados Unidos no supone un choque cultural demasiado importante. Tanto ellos como nosotros somos occidentales decadentes, mal que nos pese.

Aunque, obviamente, no todo es exactamente igual. Existen una multitud de pequeños desajustes entre Estados Unidos y Europa que exigen al emigrante una leve adaptación y también provocan eurocéntricas reacciones de superioridad. Veamos tres de ellos.

El tráfico y las rotondas

En términos generales, conducir en Estados Unidos no ofrece demasiadas diferencias a hacerlo en España. Sin embargo, el tráfico, las calles y las carreteras norteamericanas deparan algunas sorpresas al conductor europeo de las que viene muy bien estar al tanto.

En primer lugar, la competencia de regular el tráfico no está en manos del Gobierno federal, sino que pertenece a cada estado, lo que hace que la reglamentación no sea una, sino cincuenta y una. Es decir, que si te has sacado el carné de conducir en Nebraska y te mudas a Nueva Jersey, tendrás que dejarte caer por la oficina más cercana del Motor Vehicle Administration (MVA) para hacer el papeleo pertinente y poder adaptar tu permiso a la reglamentación de tu nuevo estado. Por tanto, con la enorme movilidad laboral que hay este país, las oficinas del MVA suelen ser una pequeña penitencia burocrática de largas colas y esperas.

También me ha sorprendido el pésimo estado de las carreteras y autopistas; al menos en Nueva York y Nueva Jersey. Sin distinción de si son de pago o no, los boquetes, baches, las obras y los despojos obstaculizando el camino son una constante en comparación a lo que hay en Europa.

Pero sin lugar a dudas, lo que más me ha llamado la atención ha sido la práctica inexistencia de rotondas. Aquí siguen apostando tozudamente por los confusos cruces en los que, en muchas ocasiones, confluyen cuatro carreteras de doble sentido con cuatro carriles. Daniel Cuñado explica perfectamente en su blog cómo funcionan estos cruces (4-way stops, como aquí los llaman). Es curioso porque lo que a mí me parece un sistema de regulación del tráfico caduco e ineficiente, para muchos norteamericanos es casi una seña de identidad que funciona mucho mejor que esas absurdas rotondas de Europa. ¿Acaso tiene razón? ¿Es más eficaz un cruce que una rotonda? Podéis comprobarlo en este vídeo que he encontrado a través de Microsiervos:




Herencias británicas

Probablemente el ejemplo más evidente de tozudez y marcapaquetismo yanki es el rechazo que en este país provoca el bello sistema métrico decimal. ¿Por qué? Como en tantas otras ocasiones, la culpa la tienen los británicos. Y es que, como súbditos de la Union Jack, los colonos americanos heredaron el sistema imperial británico, un guirigay evolucionado a partir de una maraña de pesos y medidas medievales.

A pesar de que Francia desarrolló y perfeccionó el sistema métrico decimal a finales del siglo XVIII, el Imperio de su graciosa majestad y sus colonias americanas se resistieron a aceptar el invento de los gabachos y decidieron seguir con su anticuado sistema de medición, mucho más adecuado para seguir timando al personal en cualquier transacción comercial. No debemos olvidar que un británico es, ante todo, un pirata.



Por un puñado de dólares

“In God We Trust” (En Dios confiamos) es el lema nacional oficial de los Estados Unidos y se sitúa a continuación del mucho más molón "E Pluribus Unum" (De muchos, uno). El lugar más común donde uno puede leer este lema es en el dinero de los Estados Unidos, aunque no fue hasta 1957 que la frase de marras fue adoptada permanentemente en los billetes. Pero lo cierto es que tiene todo el sentido: el dinero es Dios y Dios es el dinero. A pesar de las miles de religiones que hay en este país sólo hay un único y absoluto jefazo llamado Dólar. Supongo que para dejarlo bien claro, los sumos sacerdotes norteamericanos de la Reserva Federal decidieron imprimir una absurdamente alta cantidad de billetes.

¿Monedas? ¿Quién las necesita? En ellas no se puede leer bien EL LEMA. ¡Convirtamos cualquier transacción monetaria diaria en un auténtico incordio! ¡Hagamos que dar cambio sea algo tan molesto que haya que exigir a los usuarios de muchos servicios públicos la cantidad exacta para pagarlos!

Para que os hagáis una idea clara de lo incómodo del sistema: imaginad que no existen monedas de uno y dos euros, sólamente billetes. Imaginadlo fuerte. Efectivamente, tu cartera estaría a rebosar de billetes, pero seguirías siendo igual de pobre.

Sin olvidar, por supuesto, el asunto del color y el tamaño de los billetes. Llamadme loco, pero tengo la sensación de que imprimir los billetes con diferentes tamaños y colores, como hacemos con el euro, es muy bueno para facilitar los intercambios comerciales y ayudar al sufrido contribuyente en sus cuentas diarias. Pero parece que en USA no piensan lo mismo: independientemente de su valor, todos los billetes tienen prácticamente el mismo tamaño y el mismo color (aunque hay ligeros cambios de tonalidad, son irrelevantes una vez el billete ha pasado por varias manos).


2 comentarios:

  1. Tal cual, Jorge. Coincido en todo lo que dices. Efectivamente el estado de las infraestructuras yanquis es lamentable, y lo de los billetes es un incordio máximo. Y como es cierto que muchas máquinas no dan cambio, acabas reventando el bolsillo de billetes de un dólar por si las moscas. Y menos mal que hoy en día hay móviles, que años ha tocaba llevar encima también unas cuantas monedas de 25 centavos para poder hacer llamadas en cabinas, que no podía ser de otra manera.
    Lo del sistema imperial vs decimal es tremendo. Yo encima tengo que lidiar con pulgadas, pies y grados fahrenheit en mi trabajo diario, así que no te digo nada de la manía que le tengo...

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  2. Sobre el vídeo de las rotondas, añadiría que la forma en la que testean el 4-way stop, con una persona indicando al conductor lo que debe hacer, falsea el resultado al alza. En mi experiencia personal, hay muchas veces en las que los conductores pierden unos segundos mientras dudan exactamente a quién le tocaba, porque no es tan sencillo. ¿Qué pasa cuando dos conductores llegan a la vez? ¿Y cuando tú piensas que te toca, comienzas a moverte, y otro arranca al mismo tiempo y os detenéis ambos a la vez? Por no decir que no vi nada frecuente que coincidieran dos coches a la vez en la intersección en casos en los que sí es factible (si tú giras a la derecha y alguien de frente quiere seguir recto, por ejemplo. Vamos, que seguro que la rotonda gana por goleada en eficiencia, y también en seguridad como tú apuntaste en mi post (gracias por cierto por el enlace).

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