miércoles, 4 de septiembre de 2013

Coca-Cola frita

En la edición del año 2006 de la State Fair of Texas -un evento que se celebra anualmente en Dallas y que conjuga todo tipo de atracciones lúdicas- Abel González Jr., un intrépido informático tejano de 36 años, fue el ganador del Premio a la Creatividad Culinaria. Como apasionado de la cocina y americano de pro, González quiso presentar un plato que aunara dos de las grandes pasiones culinarias del país: las cosas fritas y las soft drinks. González había inventado la Coca-Cola frita.

Aunque lo estrafalario del plato le permitió tener cierta repercusión en los medios de comunicación, la Coca-Cola frita no ha tenido un impacto reseñable en la industria alimentaria norteamericana. Tal vez las 850 calorías que contiene cada vaso son excesivas incluso para este país.

Una invención culinaria más refinada y con mucho más éxito ha sido el Cronut. Definido por su inventor, el chef Dominique Ansel, como una mezcla entre donut y croissant, el Cronut ha sido objeto de alabanza en el universo foodie anglosajón y ha disfrutado de una promoción mucho más profesional y encaminada al éxito. De hecho, en la web oficial del invento se afirma orgullosamente que la cosa “is taking the world by storm” y que para conseguir probar un Cronut hay que hacer una cola de más de dos horas, y aún así no garantizan a los pacientes penitentes que cuando llegue su turno queden existencias de los dichosos bollitos.

Mi pueblo también es un destino destacado entre los diversos peregrinajes culinarios que existen en los Estados Unidos. Hoboken es la sede de la pastelería Carlo’s Bakery, famosa internacionalmente por ser objeto de un reality show llamado Cake Boss sobre pastelería hortera en el canal de televisión TLC. Las ventas internacionales del programa le han dado incluso fama en el extranjero y las colas que se forma cada día en la puerta de la pastelería para conseguir hincarle el diente a una de sus espeluznantes tartas son de órdago.

Un gran negocio

Queda claro que este país ama la comida. Forma parte de su ADN y es un negocio que mueve miles de millones de dólares al año. Algunas cifras sorprenden por su inmensidad: Según un estudio de la consultora norteamericana First Research, el sector de la restauración en Estados Unidos incluye cerca de 550.000 restaurantes y alcanza unos ingresos anuales de más de 400 mil millones de dólares.

El “namedropping” de las principales empresas del sector seguro que os resulta familiar: McDonald’s, Burger King, KFC, Pizza Hut, Taco Bell, Olive Garden, Red Lobster, etc. No obstante el sector está fragmentado, ya que las 50 empresas más grandes “sólo” acaparan el 20% del mercado. 

Para poder proveer adecuadamente esta miríada de restaurantes, la ganadería y la agricultura norteamericanas han alcanzado un volumen titánico y una eficiencia germánica. Estados Unidos es el primer productor mundial de carne, leche, mantequillas y huevos. Por su parte, la mayor parte de la superficie agrícola norteamericana se destina al cultivo de cereales (77,83 millones de hectáreas), entre los cuales destacan el trigo (23,35 millones de hectáreas, 12.5% de la producción mundial) y el maíz (27,86 millones de hectáreas y 40% de la producción mundial). En ambos casos, Estados Unidos es el primer productor y exportador mundial.

En este punto, podría hacerme el listo y escribir algo de Monsanto, pero tengo un amigo que sabe mucho más de estas cosas, así que si queréis conocer más de eso, preguntadle a él. Yo sigo con lo mío.

Un problema gordo

Nada nuevo bajo el Sol: Estados Unidos tiene un problema de obesidad importante. Es más, de tan repetida, esta afirmación es aburrida y parece vacía de contenido. ¿Cuántos documentales, películas, artículos o libros se han escrito sobre este tema? Miles. Y sin embargo cuando uno visita por primera vez los EE.UU. una de las cosas que más fascinación provoca es la comida. Las grandes raciones de los restaurantes, las infinitas y repletas estanterías de productos en los supermercados, los food-trucks, los puestos de perritos calientes, conforman un paisaje hipnótico para el rústico europeo que aterriza aquí por primera vez.

Templo Americano


Pero es innegable, la obesidad en los Estados Unidos es un problema. Aunque más que de salud pública, se trata de un problema socioeconómico directamente relacionado con las diferencias en el acceso a alimentos saludables. Aquí son los pobres los que están gordos como morsas. Los azúcares agregados y grasas añadidas son mucho más asequibles que las dietas saludables y equilibradas.

Yo jamás he sido un tipo concienciado respecto a los alimentos que consumo, en España me zampaba casi cualquier cosa que cayese en mis manos. Sin embargo, desde que he llegado a este país una ligera paranoia alimenticia se ha instalado en mi cabeza. El bombardeo de noticias, mi propia experiencia digestiva y los anuncios y promociones de las propias compañías de alimentos han acabado convenciéndome de que tengo que tener muy en cuenta qué clase de productos me echo al buche.

Hormonas, antibióticos, sirope de maíz y otras salsas

A pesar de que Barack Obama firmara en 2011 la mayor reforma general del sistema de seguridad alimentaria de Estados Unidos desde 1938 con el objetivo de disipar los temores del público sobre la seguridad de los alimentos, a mí el miedo ya me lo han metido en el cuerpo.

Y es que cada vez que voy de caza al supermercado busco huevos y carnes que no provengan de über-granjas que utilizan hormonas y antibióticos para engordar más y más rápido a sus animales; busco pan, quesos, yogures y demás alimentos libres del terrorífico jarabe de maíz alto en fructosa, me ando con mucho ojo y leo hasta la última etiqueta de cada producto que compro. ¿Me estoy volviendo loco? ¿Me estoy convirtiendo en un comeflores? Tal vez un poco, pero mi vena marrana sigue ahí y más a menudo de lo que me gustaría acabo sentado en un Diner, zampándome una buena hamburguesa de vaca mutante o unas baby ribs de corderito genéticamente modificado.

Supongo que tengo que aceptar las eternas contradicciones del ser humano.

5 comentarios:

  1. Hamijo mío buena suerte en tu lucha contra el lobby ( esto de los lobbies es muy USA) de las azucareras, el azucar blanquilla por esas latitudes es un bien lujoso porque si mal no me acuerdo está muy gravada... Buena suerte.

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  2. El jarabe alto en fructosa fuen un invento de los japoneses que la industria alimentaria americana empezo a usar en los 70, durante la administracion de Nixon, porque tenian un superavit de maiz. El superavit de maiz se usa tambien como pienso. En youtube (y Netflix) hay un documental imprescindible llamado Food Inc.

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  3. Cierto, Food Inc. ha sido uno de los máximos responsables de mi paranoia actual. ;)

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  4. No me extranya bro, hay otro documental, un poco mas tecnico, llamado 'Sugar, the Bitter Pill' la mierda que nos comemos nos va a matar

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  5. Lo más saludable es el ayuno...Mira los yoguis hindúes!!...;D

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