lunes, 26 de agosto de 2013

Williamsburg no es de segunda mano

Por primera vez en mi vida, la semana pasada compré una camisa en una tienda de ropa de segunda mano. ¿Qué me está pasando? Tal vez el tipo que la estrenó era una mala persona. A lo mejor se dedicaba a la trata de blancas. O tal vez era miembro de la Iglesia de la Cienciología. O aún peor, quizás fuese un votante republicano y espectador de Fox News. ¿Quién sabe? La cuestión es que ahora esa camisa es mía, yo la voy a vestir. ¿Se me pegará algo de él? Me costó 14 dólares. Fue durante mi primera visita a Williamsburg, Brooklyn; la Meca del Hipster.

Bienvenidos a la Hipsteria Colectiva

Al asomar la cabeza por la boca del metro de Bedford Street, Manhattan se convierte en el telón de fondo de un teatrillo de imposturas contenido entre las calles de Greenpoint, Bedford-Stuyvesant, Bushwick y el río Hudson. El barrio de Williamsburg es el paraíso terrenal para los jóvenes hipsters, que lo recorren con actitud indiferente y pose desganada, pero gritando en silencio “look at me”. Quieren que les mires, supongo que han dedicado mucho tiempo uniformándose antes de salir de casa. Yo al menos no veo otro motivo para combinar unos veraniegos pantalones cortos con un jersey de lana virgen en pleno agosto neoyorquino.


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Si alguien duda de lo que digo o cree que estoy exagerando, os daré una prueba irrefutable: Williamsburg es el lugar elegido por la biblia de la modernidad Vice para ubicar su redacción en Nueva York. ¿Que por qué no eligieron Manhattan? ¡Ja! Ese islote de cemento y cristal sólo sirve para alimentar a tiburones encorbatados y turistas fluorescentes cuya creatividad se limita a contar dinero o aplaudir en el musical del Rey León. No es un buen lugar para explotar todo el talento que los auténticos hipsters llevan dentro.

Cuartel general de Vice en Williamsburg


Busca un apartamento y explota tu creatividad

Porque la libertad creativa tiene un precio. Un mini apartamento de apenas cuarenta metros cuadrados en pleno meollo no baja de los 2.500 dólares al mes, o sea, que es preciso tener una creatividad muy cara para vivir en Williamsburg. Pero malpensado como soy, aventuro que muchos de los muchachos que recorren Bedford Street de un lado a otro cuentan con el cariñoso apoyo económico de sus familias, que creen a pies juntillas que Brad será el próximo gran diseñador gráfico, Ethan el futuro escritor de culto o Isabella la nueva it girl de moda en NYC.

Bajo la superficie

Pero digan lo que digan, las primeras impresiones nunca deben ser las que cuentan. Una sola visita a este barrio no es suficiente para sentar cátedra. Porque las pocas horas que he deambulado por las calles de Williamsburg también me han servido para notar el aroma de la autenticidad bajo tantas capas impostura. He aquí cuatro rincones que creo que merecen la pena:

-Brooklyn Brewery. Se trata de una pequeña fábrica de cerveza fundada en 1987 por Steve Hindy y Tom Potter. A lo largo de todos estos años sus cervezas artesanales han ido ganando un merecido prestigio internacional. Los fines de semana organizan visitas guiadas de la fábrica, aunque también se puede acudir simplemente para tomar cerveza en la zona que tienen acondicionada como bar en la entrada.

-Beacon’s Closet. Justo enfrente de la fábrica de cerveza nos topamos con esta gran tienda de ropa de segunda mano (ahí compré la camisa), un auténtico edén para compradores compulsivos que pretenden estar a la última. A pesar de la gran densidad de modernitos con los que hay que lidiar, merece la pena echarle un vistazo o dos. La ropa está en perfectas condiciones y se pueden encontrar auténticas gangas.

-Rosarito Fish Shack. Este restaurante mexicano especializado en productos del mar ofrece una gran variedad de ceviches, ostras, calamares, tacos de pescado y otras muchas especialidades latinas en un entorno muy agradable. También cuenta con una más que aceptable carta alcohólica y sus precios están bien ajustados.

-Teddy’s. El bar más antiguo de Williamsburg (fue fundado en 1889) sigue acogiendo a tipos con largas barbas, gorros de lana y pantalones desgastados. La única diferencia es que a principios del siglo XX éstos eran trabajadores que pasaban frío y un poco de hambre y hoy en día son diseñadores gráficos con cierta hipsteria. A pesar de todo, Teddy’s ofrece lo de siempre: una gran barra donde beber cerveza y buena música en directo. También sirven comida e incluso tienen una carta de “brunch”, aunque supongo que es por eso de adaptarse a los tiempos.

Luego está la vida nocturna, los conciertos, las exposiciones y la energía desbordante de los que realmente tienen ideas. Todavía no he vivido nada de eso. Esta primera visita sólo ha sido una presentación, he mantenido un small talk con Williamsburg y aunque al principio me pareció pretencioso, lo cierto es que es interesante.

Volveré a Williamsburg muchas veces, me dejaré seducir un poco -sólo un poco- por su impostada modernidad y no dejaré de buscar algunos rincones más ajenos a las tendencias. Quizá hasta acabe comprándome unos zapatos de segunda mano.

Es broma. Unos zapatos no. Por ahí no paso.

Os seguiré informando.

PD: Pido disculpas por el uso y abuso indiscriminado de la palabra "hipster".

2 comentarios:

  1. Gracias por tu comentario Juanky, es especialmente gratificante viniendo de alguien como tú, que ha vivido a fondo la vida de Brooklyn.

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