jueves, 22 de agosto de 2013

Instagram, philly steaks y vajazzling

Desde la popularización de las cámaras para aficionados allá por las primeras décadas del siglo XX, las malas fotos turísticas siempre han estado ahí, ocupando un cajón en la cómoda del salón, dispuestas a aburrir a las visitas inesperadas.

Muchos años después llegaron las cámaras digitales, que supusieron un nueva etapa en este sector: abrían una época en la que hasta el más negado podía disparar cientos y cientos de fotos sin preocuparse de nada más. Al menos, con las analógicas y sus carretes limitados los turistas accidentales tenían (teníamos) que ser calculadores, pensar bien qué foto tomar, buscar un cierto encuadre y mostrar un interés básico en la técnica fotográfica; pero la llegada de las digitales y sus gigantescas tarjetas de memorias abrieron la veda de las fotos absurdas, el disparo indiscriminado y la vergüenza ajena.

Sin embargo, todavía no estaba todo dicho en el mundo del fotógrafo ocasional y cansino. Faltaba la guinda final, el chisme definitivo. Y así se produjo el advenimiento de Instagram. Para todos aquellos de gatillo fácil con las digitales se abrió un horizonte de posibilidades en forma de filtros para disimular su impericia fotográfica y hacerles creer que son algo que nunca serán: buenos fotógrafos. ¡Y es que ni siquiera hace falta tener cámara, basta con el teléfono móvil!

Yo confieso

Debo admitir que soy uno de ellos. Tengo una cuenta de Instagram y la uso con fruición, me resulta divertido y me permite compartir imágenes con los amigos que están lejos. Suelo utilizar mucho más esta perversa aplicación durante los viajes o cuando hago algo que se sale de lo común. De momento, vivir en los Estados Unidos es algo fuera de lo común para mí, así que mi Instagram echa humo últimamente.

Una de las cosas más idiotas de Instagram es la interacción entre los usuarios. Los “megusta”, las etiquetas para atraer la atención, los comentarios estúpidos, etcétera. Tal y como yo lo veo, hay tres tipos de usuarios: aquellos que ponen decenas de etiquetas (hashtags, para los anglos) para llamar la atención sobre sus capturas y así conseguir muchos seguidores, en el extremo opuesto están los despistados que ni siquiera saben lo que es una etiqueta y suben sus fotos totalmente descontextualizadas y por último nos encontramos con el usuario que se limita a poner dos o tres hashtags que sirvan para describir y ubicar la foto.

Philly steak

Como podréis suponer, últimamente he subido a mi cuenta unas cuantas fotos con las etiquetas #Hoboken y #NYC. La primera de ellas ha atraído la atención de pocos usuarios, pero uno de ellos se ha hecho notar especialmente. Su nombre es @Midtownphillysteaks y parece ser que adora mis capturas. Pero no. En realidad no es más que un restaurante de reciente apertura en Hoboken que trata de darse a conocer por todas las vías posibles, e Instagram es una de ellas. Cada vez que se sube una foto con la etiqueta #Hoboken, aparece Midtownphillysteaks para decir lo mucho que le gusta.

Y gracias a su bombardeo de "megusta" en Instagram logró que me preguntara qué demonios es un “Philly steak". Según la wikipedia, “el cheesesteak es una especie de sandwich conocido fuera de las regiones de Filadelfia, Pensilvania como Philadelphia cheesesteak, Philly cheesesteak, o incluso steak and cheese. Este sandwich lleva en su interior pequeñas tiras de carne y una pequeña cantidad de queso fundido”. ¿Apetecible? Tal vez, pero creo que cada bocadillo de estos contiene un trillón de calorías.

Ya vemos que Instagram puede ser una herramienta barata y más o menos efectiva para promocionar un negocio local, pero también sirve para que neoyorquinos con ansias de fama se hagan autobombo. Los de esta calaña son atraídos por la etiqueta #NYC.

Vajazzling

Entre todas las capturas que hice de Nueva York, hubo una que atrajo bastantes “megusta” de desconocidos, pero me llamó especialmente la atención un usuario llamado @Brycegruber. En su perfil se autodefine como “Editor of theluxuryspot.com, NYC mom, tv personality, & iPhone 5 life-capturer. Addicted to veggies and babies”. Ahí es nada, la tal Bryce le da a todos los palos.

No lo pude evitar: al leer “tv personality” me picó la curiosidad y tuve que hacer una búsqueda de esta muchacha en Youtube, lo que me llevó a descubrir una nueva tendencia en lo que se refiere al mundillo de la belleza y los cuidados femeninos -Bueno, creo que en NYC ya lleva un par de años realizándose, pero para mí ha supuesto todo un hallazgo y espero que para vosotros también lo sea-.

Amigos, os presento el Vajazzling. Echadle un vistazo al vídeo para saber exactamente en qué consiste esta técnica de belleza.



Efectivamente, ha sustituido su vello púbico por cristales de Swarovski. Debe de ser muy cómodo. Estoy pensando en lanzar la versión masculina de esto, pero sólo para el saco escrotal. ¿Creéis que triunfaría en la Gran Manzana?

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