jueves, 29 de agosto de 2013

Historias de NYC: the human punching bag

Ahora que vivo a la vera de Nueva York, creo que puede estar bien rescatar un viejo artículo que escribí hace varios años y nunca fue publicado en medio alguno más allá de mi blog personal de entonces. Se trata de una historia de emigración y golpes situada en el Nueva York de principios del siglo XX. Aquel Nueva York que se imaginaba como la puerta de entrada a la tierra de los sueños y las oportunidades para millones de emigrantes, la llave a un lugar donde sus miserias quedarían atrás. Pero en realidad eran muy pocos los que conseguían alcanzar sus metas. Esta no es la historia de uno ellos.

The Human Punching Bag: fracaso, supervivencia y huesos rotos

La nobleza del boxeo se encuentra en el limbo de los calcetines desparejados y las promesas de fidelidad. Concretamente en la sección de hipocresía global. Nada hay más innoble y bastardo que zurrarse por unos pavos. Por eso me gusta el pugilato: hace aflorar el instinto de supervivencia como ningún otro deporte. Sangre, sudor y odio a doce asaltos, el que mejor sepa gestionarlos sobrevive. Pero sobre todo, el boxeo es el fracaso hecho deporte. Una gran hermandad de hombres desesperados por alcanzar la ruina vital.

Joe Grim, en una de las pocas
fotografías que se conservan de él.
El 14 de marzo de 1881 nacía en Avellino (Sur de Italia) Saverio Giannone, un niño de cabello demasiado claro que contrastaba con los rostros cetrinos de la zona. Los padres de Saverio, como tantos otros italianos de la época, no gozaban de una vida fácil y tomaron la decisión de emigrar a la tierra prometida. Pocos años después del nacimiento de Saverio, la familia Giannone arribaba al puerto de Nueva York junto con unas cuantas maletas remendadas y grandes esperanzas de prosperidad.

Al cabo de unos años, y por motivos desconocidos, un joven Saverio tomó la decisión que le cambiaría la vida. No sabemos muy bien cómo ni por qué -probablemente conoció a algunos chicos en las calles de Little Italy que le animaron a hacerlo-, pero Saverio resolvió que sería boxeador. Despojándose de su nombre italiano y rebautizándose como “Joe Grim”, subió al ring el 15 de septiembre de 1900. Tenía 19 años y aquel día empezó a forjarse la leyenda de The Human Punching Bag.

Trece años y 134 combates después, un castigado Joe Grim colgaba los guantes con un récord espectacular: 10 victorias y 124 derrotas.

Como comentó tiempo después el mítico cronista de boxeo Nat Fleischer “Grim no sabía boxear, pero poseía un gran coraje. De hecho, era demasiado valiente para su propia integridad. Además era lento de pies y aún más lento pensando; y a pesar de no tener ninguna de las cualidades que necesita un boxeador decente, siempre era un buen reclamo para una velada por su inhumana capacidad de aguante y su coraje. Su habilidad para soportar cualquier castigo era incomparable”. Pero lo más impresionante es que de las 124 derrotas que Grim cosechó, tan sólo 5 fueron por KO. Tal vez fue su valor suicida, tal vez alguna tara congénita reforzada a base de golpes, pero lo cierto es que Grim era prácticamente innoqueable. Los apodos, por supuesto, no tardaron en llegar: The Iron Man, The indestructible man of pugilism, The human punching bag, etc.

Robert E. Howard, el famoso escritor pulp creador de Conan el Bárbaro y gran aficionado al boxeo, presenció varias de sus peleas y afirmó que “Grim no era un boxeador en el más estricto sentido de la palabra, era más bien como una alfombra: hasta un ciego podía sacudirle”. Tras cada combate que Grim acababa con éxito (léase vivo o en pie) su fama y notoriedad se acrecentaban. Recibió severas tundas y castigos de todos sus rivales, incluyendo a los más notables púgiles y los más potentes pegadores de la época como Jack O’brien, Joe Walcott o Dave Holly. Sin embargo, siempre se le veía abandonar el ring por su propio pie gritando algo así como “soy Joe Grim y nadie puede noquearme”.


La creencia de que Grim era innoqueable se propagó rápidamente por el mundillo pugilístico y sus veladas se convirtieron en un gran éxito, con un público ávido de ver por fin quién sería el primer hombre capaz de mandar a la lona a Grim. Y es que estamos hablando de combates de principios del siglo XX, algunos de hasta 20 asaltos y con guantes de muy pocas onzas, lo que se traduce en muy poca protección y muchos dedos rotos.

Salto a la fama

Mayo de 1905. Grim ya llevaba 5 años boxeando, había perdido todos sus combates -excepto uno- y continuaba sin ser noqueado, pero su fama se había consolidado en la ciudad. Justo por aquel entonces, el que sería futuro campeón de los pesados, Jack Johnson, buscaba su oportunidad para pelear por el título mundial, pero en marzo había perdido a los puntos un combate de 20 asaltos. Johnson quería una pelea que pudiese minimizar esta derrota y, cómo no, su manager pensó en Joe Grim: noquearle le daría fama a Johnson y lo volvería a poner en órbita para pelear por el título. Aunque Johnson pesaba 210 libras (98 kilos) y Grim tan sólo 165 (76 kilos) –por aquel entonces las comisiones deportivas eran un poco más flexibles-, muchos aficionados dudaban de la capacidad del futuro campeón para lograr lo que nadie hasta entonces. Sin embargo, Johnson confiaba en su potente pegada.

El combate se celebró el 24 de julio en Philadelphia, con una asistencia realmente asombrosa para la época: 3.000 personas pagaron por ver el evento en directo. Durante los tres primeros asaltos Grim fue vapuleado por todo el ring. Cada pocos minutos los golpes de Johnson derrumbaban a Grim y la multitud rugía “¡Levántate Joe!” y Joe se levantaba con una amplia sonrisa en su rostro ensangrentado. Johnson no daba crédito y volvía a cebarse con Grim, hasta que en el cuarto asalto lanzó un brutal directo que volvió a derribar a Grim mientras un ruido de huesos pulverizados recorría las primeras filas.

Grim, boca abajo, con las manos y las rodillas apoyadas en la lona, no parecía reaccionar. Pero cuando el árbitro estaba a punto de finalizar la cuenta de diez, Joe se levantó como un resorte. Su cara seguía dibujando la misma estúpida sonrisa. El público se volvió loco y rugió de placer.

En los siguientes asaltos Grim fue derribado tres veces más, y tres veces más se sobrepuso. Finalmente, durante el descanso anterior al sexto y último asalto, en su esquina, un asombrado Jack Johnson se dio cuenta: "ése tipo no es humano". Johnson, evidentemente, ganó a los puntos, pero la fama de Grim se disparó hasta límites insospechados.

Aún tendrían que pasar ocho años y unas cien peleas más para que The Human Punching Bag se retirara. Joe Grim fue un monstruo de la naturaleza (como la mujer barbuda o el hombre con dos cabezas) en un momento en el que los freak shows eran un espectáculo de masas.

Tras numerosos combates y movidos por el morbo, unos médicos examinaron a Grim y declararon que su cráneo era de extraordinario grosor, tal vez el doble que el de un hombre normal. Su rostro, sin embargo, mostraba los efectos de los golpes: se rompió la nariz tantas veces que no era más que un trozo informe tejido y sus orejas se habían convertido en coliflores de cartílago. Joe Grim falleció el 1 de enero de 1939, con 57 años y una estúpida sonrisa en el rostro.

No sé si hay nobleza en la historia de Joe Grim. Fracasó como púgil en todos los aspectos, pero no defraudaba cada vez que sonaba la campana.

4 comentarios:

  1. Muchas gracias, Mou. Te acabo de añadir a mi blogroll.

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  2. "Sangre, sudor y odio a doce asaltos". Creo que tienes un gran titulo para tu próximo blog/libro.

    Le estoy intentando buscar moraleja a la historia, pero esta la cosa difícil. Hay algo heroico en este anti-heroe, especialmente en estos tiempos que corren donde se idealiza la idea del fracaso. "Fail Early, Fail Fast, Fail Often". He aquí un hombre que hizo del fracaso un arte.

    Long live Joe Grim.

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  3. Gracias por leer las líneas que dejo caer por aquí, Omar. Yo no soy muy de moralejas, creo que son un invento mayormente perverso. Grim hizo lo que le pedía el cuerpo, ni más ni menos, sin esperar ser modelo de nada.

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